Sacando (discretamente) al hombro de su sitio una tarde de verano [Julio César Jiménez]

Lanzar piedras
sea quizá
guardarlas en el aire,
atribuirles
mordeduras de viento,
proponerles una breve
vida de asalto.

Lanzarlas sea quizá
ensayar nuevas técnicas
de la ira, empeñar en las nubes
un furibundo
gesto puntual,
tensar las brisas
como bocas disponibles,
heridas deseantes.

Hacerlo sería
como sorprender
ventiscas, como hacer del cielo
una estrecha sima curva,
como si se le diera a lo inerte
una inútil carrera prodigiosa:
devastar el cielo con el hombro.

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