El rezagado [Lorenzo Plana]

Su cuerpo es un rincón que va hacia el alba.

La noche es la respuesta, aunque se pierda.

Las cosas deberían ser distintas,
vivir como quien traza
una fiesta insistente como un río.
Pero incluso la música es paciencia.

Al llegar a su casa
pide un poco de tiempo a la ventana:
la oscuridad, los ojos duros.

En las fotografías sigue joven.
La soledad de imaginarse muerto
le hace pensar con calma en sus pinturas,
en los libros que crecen en sus manos,
en una melodía del verde y libre océano.

Procura darse cuenta, saber si le requieren.
Pero sabe que hay sombras que prestan atención.

Y tal vez morirá rezagado y feliz,
porque sus prisas sólo son las nubes
de un mañana sin él: una ebriedad.

Ya no tiene más miedo.

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